El tóxico engaño de ser camiseta
Ponerse la camiseta no es compromiso: es obediencia disfrazada. Aceptar ser camiseta desde el primer día de contrato, o incluso al aceptar una oferta laboral, es caer en un tóxico engaño que beneficia únicamente al empleador.
Se presenta como símbolo de pertenencia y fidelidad, pero en realidad es una exigencia que erosiona la dignidad laboral y perpetúa un modelo obsoleto, destruyendo aún más el mercado.
Mi experiencia como empleador
En mis años al frente del Studio 187, dedicado al diseño gráfico publicitario, trabajé con practicantes y juniors. Nunca les pedí esa entrega ciega. Preferí ponerme a su lado, identificar sus debilidades y ayudarlos a convertirlas en fortalezas. El compromiso auténtico surgió por gravedad: ellos mismos decidieron ponerse la camiseta, porque me veían como alguien que estaba ahí para levantarlos, alguien a quien poder imitar o admirar, no como un jefe distante.
Evidencia moderna
Los datos lo confirman. Según Gallup 2024, solo entre el 21% y el 23% de los empleados globales se sienten comprometidos con su trabajo, el nivel más bajo en años. Además, el 41% reporta altos niveles de estrés. El estudio concluye que el 70% del compromiso depende directamente del gerente inmediato, lo que demuestra que la imposición de lealtad no funciona: lo que importa es el liderazgo inclusivo y cercano.

Por su parte, Deloitte 2024 revela que Millennials y Gen Z valoran propósito y sostenibilidad, y más del 40% ha rechazado empleadores que no se alinean con sus valores. Sin embargo, paradójicamente, muchos aceptan sin cuestionar prácticas tradicionales como “ser camiseta”, lo que refleja una contradicción generacional: buscan cambio, pero perpetúan modelos tóxicos. Ver estudio aqui.
La psicología organizacional también lo respalda: investigaciones recientes confirman que el compromiso laboral es un atributo organizacional más que un rasgo individual. Es decir, depende de la cultura y el entorno, no de la obediencia ciega del trabajador.
Generaciones actuales, “ser camiseta” y el mercado laboral
Lo preocupante es que muchas veces las generaciones actuales —Millennials y Gen Z— aceptan sin cuestionar el discurso del “ser camiseta”. En su ignorancia, contribuyen a ensuciar aún más un mercado laboral que necesita a gritos una renovación radical. La lealtad ciega no construye futuro: lo destruye.

Conclusión sobre ser camiseta
El verdadero compromiso no se exige: se construye. Y hasta que no lo entendamos, seguiremos atrapados en el tóxico engaño laboral de ser camiseta: el famoso mito de la lealtad absoluta.
La próxima vez que alguien te pida “ponerte la camiseta”, pregúntate si te están ofreciendo pertenencia o simplemente explotación.
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