La espléndida asquerosidad de los GARBAGE PAIL KIDS
¿Qué pasaría si te dijera que, a mediados de los 80, un grupo de artistas talentosos transformó la imagen de las tiernas muñecas Cabbage Patch Kids (conocidas en Latinoamérica como “Repollitos”) en una serie de tarjetas ilustradas que hoy son un clásico de culto absoluto? Así nacieron los Garbage Pail Kids.

Los científicos locos de Topps
Topps, conocida por sus tarjetas coleccionables de béisbol y baloncesto, ya había experimentado con la sátira en los 70s con sus Wacky Packages, parodias de productos populares. Entre sus colaboradores estaba Art Spiegelman, figura clave del comic underground, quien recibió el encargo de parodiar las exitosas muñecas Cabbage Patch Kids y transformarlas en una nueva serie coleccionable.

En 1984, Spiegelman le encargó al artista John Pound la tarea de hacer las ilustraciones en base a los bosquejos que él y su asistente, Mark Newgarden, le enviaron. Siguiendo un metódico y minucioso proceso, Pound logró tener listos 44 artes en solo dos meses, y así nació la serie 1 de los Garbage Pail Kids, publicada en 1985.

La demanda que los hizo inmortales
Coleco, fabricante de las Cabbage Patch Kids, demandó a Topps por la semejanza entre los personajes. El conflicto legal se resolvió fuera de la corte, con ajustes en el diseño para evitar similitudes directas. Pero lejos de frenar su éxito, la controversia convirtió a los Garbage Pail Kids en íconos de la contracultura infantil.
Topps lanzó 15 series entre 1985 y 1987, quedando una serie 16 inédita tras una drástica caída en las ventas y la negativa de la empresa por seguir con el producto.
La pandemia de los Garbage Pail Kids
Los GPK fueron lanzados en junio de 1985, y bastó poco tiempo para que el horror y la asquerosidad que caracterizaban a sus personajes se convirtieran en un fenómeno global entre niños y preadolescentes. Las tarjetas se reeditaron en varios idiomas y llegaron a Europa, Asia, América, África y Oceanía.

Recuerdo la primera vez que vi una tarjeta de los GPK: fue en el patio del colegio, durante la hora del recreo. El intercambio de figuritas era común, pero esta vez se trataba de algo distinto. Algo grotesco, violento, terrorífico e irreverente; algo que captó mi atención de inmediato.
Mientras algunos compañeros se horrorizaban por la agresividad visual, yo quedé fascinado con Wacky Jackie: camisa de fuerza, resortes saliendo de la cabeza, espuma en la boca, ojos desorbitados saltando de sus cuencas, todo en una habitación acolchada. Una maravilla gráfica pura. Necesitaba tener esa tarjeta. Necesitaba tenerlas todas.
Como dato adicional, en 1987 GPK saltó a la pantalla grande con una película de 1 hora y 40 minutos llamada Garbage Pail Kids: The Movie, erróneamente mal reseñada por pseudo-críticos. Si eres fan de los personajes… ¡definitivamente debes verla!
Los Garbage Pail Kids de Edelweiss
Cerca de mi casa había una calle llena de tiendas, y en especial una que se llamaba Edelweiss, que vendía productos importados. Fue allí, por casualidad, donde me topé con los sobres originales de GPK a la venta. En los ochentas, Lima vivía en diferido: casi todo lo que venía de afuera llegaba con dos años de retraso.
Ese fin de semana había recibido una buena propina de mis tíos y abuelos. A eso se sumaban los ahorros de propinas de meses. Era eso o golosinas. Me gasté hasta el último centavo.
Cada sobre contenía tres tarjetas/stickers y una barra de chicle. Aunque los sobres wax-pack costaban originalmente 25 centavos de dólar, con la inflación de la época cada uno salía al equivalente a 12-15 soles actuales.
Finalmente, gracias a las repetidas, logré intercambiarlas y conseguir esa tarjeta que me había volado la cabeza desde el primer momento.

El álbum de La Pandilla Basura en el quiosco
En 1989, la editorial Merchante se atrevió a publicar el álbum de figuritas La Pandilla Basura. Los pocos que tuvimos acceso a los stickers originales de Topps pudimos seguir las series de GPK a través del álbum, porque luego el gobierno de turno prohibió las importaciones y las tarjetas dejaron de llegar.
Esta vez los GPK estaban en todos los quioscos. Al estar al alcance de la mano, llegaron a casi todos los hogares, lo cual no tardó en provocar la indignación de padres consternados por lo que ahora coleccionaban sus hijos.
Mercedes Cabanillas, entonces ministra de Educación, fue la portavoz de una prohibición a nivel nacional, secundada por la cucufatería de la época y los programas de noticias. Yo, con nueve años y en un colegio católico —en pleno 1988— veía cómo les decomisaban los álbumes a todos. Nunca quise tener uno: mi vacilón siempre fueron las tarjetas sueltas. Coleccionaba las figuritas y las intercambiaba, clandestinamente, en los baños

La purga y el fuego
Como ya era conocido en el colegio por dibujar bien, algunos compañeros (cuyos padres viajaban a Estados Unidos y traían las tarjetas originales de nuevas series) me las prestaban para copiarlas a lápiz sobre cartulinas que yo mismo recortaba al tamaño exacto. Sabían que las dibujaba de noche y que al día siguiente las devolvía intactas, así que confiaban plenamente en mí.
Lamentablemente, un día desperté tarde para ir al colegio. Tomé las tarjetas prestadas para devolverlas, pero en la prisa olvidé guardar una buena parte de mi colección personal. Las dejé sobre mi escritorio. Cuando regresé, mis padres las habían quemado todas: las originales y las que había dibujado a mano—unos 30 o 40 dibujos.
Desde entonces, guardé celosamente las pocas tarjetas originales que me quedaban. Las atesoro hasta el día de hoy como fragmentos de una infancia que el fuego no logró borrar.
El regreso de los GPK como arte, objeto y oráculo
En 2003, Topps decidió traer de regreso a los Garbage Pail Kids con siete nuevas series originales que se extendieron hasta 2007, bajo el nombre All-New Series (ANS), donde se incluyeron algunas tarjetas de la inédita serie 16. Participaron artistas clásicos como John Pound -figura fundacional del imaginario GPK- junto a nuevos talentos como Brent Engstrom y Strephon Taylor, entre otros, revitalizando el lenguaje grotesco y satírico que los hizo legendarios.

Posteriormente, entre 2010 y 2011, se lanzaron las Flashback Series, una reedición selectiva de las series originales 1 a la 15, que funcionó como puente nostálgico para coleccionistas y nuevos públicos.

En 2012, Topps apostó por las Brand-New Series (BNS), tres entregas que incorporaron a artistas como Joe Simko, Tom Bunk y James Warhola, ampliando el repertorio visual con guiños contemporáneos y una estética más pulida, sin perder el filo irreverente que define la saga.
Abrams Books, en colaboración con Topps, publica el libro oficial de los GPK: 224 páginas que recorren las series 1 a la 5, con prólogo de Art Spiegelman y epílogo de John Pound. Incluye cuatro tarjetas inéditas de la serie 16 -nunca lanzadas por considerarse demasiado violentas- y lo más genial: una sobrecubierta hecha con el mismo wax paper que envolvía los sobres originales en los años 80.



En 2015, bajo el sello de Funko, llegaron algunos personajes de la serie 1 en formato Really Big Mystery Mini. Entre ellos, el mítico Adam Bomb de 6” de altura. A partir de abril de 2018, salieron 2 series en tamaño regular.


Santa Cruz Skateboards lanzó blind bags con una serie limitada de skate decks ilustrados con Adam Bomb y dos gráficas inéditas creadas por PitchGrim para la New York Comic Con 2017. Obviamente sold-out, pero estoy seguro de que una terminará en mi estudio.
Finalmente, en 2022, los GPK regresan en clave mística: convertidos en un mazo de tarot. Otro coleccionable imposible de dejar pasar, donde cada carta es un guiño al caos, la sátira y la infancia transgresora.

Algo que comenzó como una parodia grotesca de lo tierno y amoroso, se transformó en un fenómeno global, censurado en múltiples países, quemado en hogares, escondido en mochilas escolares. Hoy, cuatro décadas después, los Garbage Pail Kids celebran su aniversario como íconos indiscutibles de la cultura pop y objetos de culto absoluto.
Porque la basura de uno… es el tesoro de otro.
Si te intriga ver de qué manera los Garbage Pail Kids influenció mi obra, chekea el art-zine The Art of Corpz.

6 Comments
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Ufff, recuerdo haber tenido el álbum en casa y mi hermanito lo botó en algún momento a fines de los 90s. Interesante el artículo.
Yo haciendo memoria, nunca tuve el álbum, tenía un tema con eso de cambiar figuras o comprar las que faltaban para completar. Mi viejo era el que presionaba o se daba esa chamba, jajaja. Con el de los GPK pasó igual, compraba las figuritas para reemplazar la falta de material importado (las tarjetas originales de Topps que, por culpa del cdsm de Alan García, dejaron de traer).
crei que solo era el album de la pandilla basura esas tarjetas no las conozco. me quitaron el mio en el colegio
Lo que pasa es que las tarjetas originales de Topps (USA) las traían y vendían en muy contados lugares (hablo del 87-88). Yo solo las encontré en la tienda de Salguero Edelweiss, una sola vez en la librería Mini-Shop (lo que ahora es el Dunkin Donuts de la cuadra 22 de Benavides) y habían en el kiosko en la esquina de Long Horn de Libertadores en San Isidro. Recién se hicieron conocidos con el álbum en el 89.
q privilegiado q tus papas te dieran propina
Cada historia tiene su marco, y esta es la mía. No pienso adaptarla a lecturas contemporáneas. Las propinas venían de abuelos y tíos. Los detalles importan, sobre todo cuando se lee con atención.;)