Myth: The Fallen Lords

Myth: The Fallen Lords

Myth: The Fallen Lords llegó en 1997, un videojuego de estrategia en tiempo real oscuro y brutal que rompía con los estándares de su época. Desarrollado por Bungie (mucho antes de hacerse famosos por Halo), destacaba por sus cinemáticas sombrías, sus batallas regidas por física realista, y esa sensación de estar al mando de soldados condenados a una pesadilla medieval maldita. De ese tipo de cosas que siempre me atrajeron, y que siguen enganchándome hasta el día de hoy.

Myth: Bungie Logo

En 1998 yo tenía 19 años y vivía en pleno caos. Estaba en mi segundo año de estudios de diseño gráfico, bebiendo mucho alcohol, pintando mis últimos muros de graffiti, haciendo ilustraciones por encargo solo para sostener mis vicios, escuchando punk y metal todos los días en mi Walkman o Discman, tocando guitarra en mi propia banda de punk/thrash, empezando a coleccionar cómics, y pasando tardes enteras en el Blockbuster que quedaba a unas cuadras de mi casa.

Myth: CD-ROM

En medio de todo ese caos, una pantalla de computador: el resplandor de la IBM Aptiva con Windows 95 de mi amigo Chino Hamann. Ahí fue donde descubrí Myth: The Fallen Lords.

Lo que me atrapó ni siquiera fue la jugabilidad (no podrías pausar el juego, y si perdías, empezabas de nuevo), sino las cinemáticas. Secuencias oscuras, pre-renderizadas, narradas como un manuscrito maldito, de esas que te erizan la piel antes de siquiera hacer clic en “jugar”.

Me recordó de inmediato a Dragon’s Lair, uno de mis juegos favoritos de siempre— pero no tenía esa estética animada heredada del Disney setentero. Myth era horror medieval sombrío, ejércitos de zombies saliendo de la niebla. Se sentía menos como un videojuego y más como una maravillosa película de terror en la que te metías por accidente. Para mí, fue otro fragmento del caos noventero que terminó moldeando lo que soy hoy.

Izq.: Captura de cinemática de Myth: TFL / Der.: Captura del juego Dragon’s Lair.

Pero Myth no fue solo “un videojuego más” que pasó desapercibido. En 1997 fue en contra de lo establecido. Bungie se arriesgó y rompió el molde de la estrategia en tiempo real (Real Time Strategy). Nada de construir bases ni recolectar recursos: esto era supervivencia pura en el campo de batalla.

Escuadrones lanzados a combates desesperados, donde cada flecha, cada explosión, cada extremidad volando por el mapa quedaba registrada por un motor de física que operaba con brutal precisión, adelantado a su época. Y cuando tus guerreros caían, sus cuerpos quedaban ahí, acumulándose como recordatorios brutales de tus errores.

Eso era lo que me encantaba: la brutalidad. Mientras otros juegos reseteaban el campo de batalla, Myth te obligaba a cargar con los cadáveres y las consecuencias de la batalla anterior.

Myth: Gameplay

También tenía una atmósfera que rara vez había visto en otros videojuegos. Un mundo sombrío, maldito, narrado como el diario de sobrevivientes que intentaban entender una guerra en la que estaban destinados a perder. No era heroico, era trágico. Y esa vibra, mezclada con las cinemáticas, hacía que Myth: The Fallen Lords se sintiera más como una película interactiva de horror-fantasía que como un juego. Era memoria, atmósfera y una estética que no se borraba al terminar la misión.

¿Lo jodidamente triste? Myth: The Fallen Lords no está en Steam ni en GOG (Good Old Games). Por alguna razón, esta pieza de historia estratégica nunca tuvo una reedición oficial. Pero como todo clásico de culto, se negó a morir. La comunidad lo mantuvo vivo: modders, fans y diehards que lo amaban demasiado como para dejarlo caer en el olvido.

Gracias a ellos nacieron dos formas modernas de revivir esa pesadilla: Twice Born Edition y Deluxe Edition. Ambas son remasterizaciones hechas por fans, construidas como plugins para Myth II: Soulblighter (la secuela de 1998). ¿Qué significa eso en la práctica? Necesitas instalar primero el juego Myth II, luego el patch de Project Magma, y elegir los add-ons gratuitis y cargar cada plugin.

El resultado: The Fallen Lords renacido con gráficos en HD, animaciones más fluidas, mejor navegación, nuevas funciones como pausa o avance rápido en modo multijugador, e incluso cinemáticas reeditadas. Es la misma historia sombría, los mismos soldados condenados—pero todo adaptado a sistemas modernos.

Para mí, volver a jugarlo hoy se siente como colarme otra vez en la sala de Chino Hamann, donde estaba su PC, y ver ese resplandor de nuevo—pero esta vez más nítido, más limpio, e igual de inquietante. Esa es la magia de la comunidad de Myth: casi 30 años después, siguen manteniendo vivo este campo de batalla maldito.

Myth: Instalador
La necesaria instalación de Myth II: Soulblighter como base para Myth: TFL.
Myth: TFL Remastered
La versión remasterizada con gráficos en HD.

Mirando atrás, Myth: The Fallen Lords no fue solo otro juego de PC que encontré en 1998—fue parte de la banda sonora de mi vida a los 19, mezclado con noches interminables de caos. Lo que me atrapó entonces—la atmósfera, las cinemáticas, esa sensación de pelear una guerra que nunca podías ganar del todo—es la misma energía que impulsa mi creatividad y sigo persiguiendo hoy con mi arte.

Aunque conocí Myth a fines de los noventa, mi historia con los videojuegos empezó mucho antes—desde mediados de los ochenta. Casi cuarenta años de inmersión total como hardcore-gamer de PC. Cuando termino entregas o cierro proyectos, vuelvo al juego. Es un ritual. Hay cosas que no cambiarán jamás, y está bien que así sea.

Aquí puedes leer sobre otro videojuego del que no puedo escapar: World of Warcraft.

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