Vista en contrapicado de “The Unholy Parade of Circus Nightmares”, pintura de Corpz en acrílico sobre lienzo (70 x 90 cm), parte de la serie The Sovereign Cult of the Satanic Unicorns. Exhibida en Galería Sérvulo Gutiérrez, 2025.

The Unholy Parade of Circus Nightmares

En mi infancia, el circo nunca fue un espectáculo de magia, diversión e ilusión como pueden entenderlo los niños comunes. Ir al circo para mí era una experiencia de ansiedad, deformación de la realidad, burla, ruido y secuencias absurdas una tras otra que no dejaban tomar un respiro, eso, era asfixiante. Esta pintura, The Unholy Parade of Circus Nightmares, no es solo una obra más en mi serie The Sovereign Cult of the Satanic Unicorns. Es un retrato directo de mi memoria del circo. Lo que para otros fue infancia colorida, para mí siempre tuvo un fondo perturbador, casi ritual, como si el espectáculo ocultara algo más oscuro detrás de la carpa en plena función.

El proceso de The Unholy Parade of Circus Nightmares

Pintada en completo secreto y revelada por primera vez el día de la inauguración en la Galería Sérvulo Gutiérrez, esta pieza de 70 x 90 cm en acrílico sobre lienzo es una de las más intensas que he trabajado en los últimos años. Está llena de referencias cruzadas, caos narrativo, elementos grotescos, mucho simbolismo y mis clásicos Easter eggs.

Comenzó a partir de un rough o garabato en lápiz sobre papel bulky, luego de refinarlo sobre una hoja blanca A3, lo pasé al lienzo para luego estrenar mi nueva paleta de vidrio que mandé a preparar a las medidas y dimensiones que requería y así asegurar un trabajo más rápido y fluído. El resto del proceso consistió en manchas de color, pinceladas, combinaciones y armonías de color y finalmente detalles que iban apareciendo en mi mente mientras pintaba.

Proceso de The Unholy Parade of Circus Nightmares – paleta de colores
Proceso de The Unholy Parade of Circus Nightmares – boceto a lápiz A3

El simbolismo detrás de The Unholy Parade of Circus Nightmares

Te recibe directamente el mono malabarista con bufanda: no está ahí para entretener, lanza ojos humanos al aire como si fueran ofrendas a una deidad payasa sedienta de caos.

A la vez irrumpe el arlequín de ojos cosidos, quien dementemente sonriente te invita a ingresar y ser parte del show con la energía de un maestro de ceremonias infernal.

Sin ir muy lejos, el niño langosta — en su propia locura — destroza a una muñeca Raggedy Ann como si exorcizara algún trauma primitivo desde las profundidades de un tanque olvidado de aguas tóxicas.

Al extremo inferior izquierdo, el mago-humanoide calamar con lentes de sol (para evitar la luz directa de los reflectores del circo) levanta su varita mágica y hace aparecer desde un sombrero a un antiguo dios lovecraftiano. Uno de los tentáculos ya atrapó a un niño desprevenido.

Al fondo del show es donde la verdad detrás de The Unholy Parade… se asoma, los payasos disfrazados de cultistas se congregan alrededor de su altar: The Slaughtered Lamb. Un cabaret ritual. Un guiño directo a American Werewolf in London, pero con una segunda lectura: uno de ellos tiene un puñal, listo para sacrificar a la chica como si fuera un cordero. Es el clímax de la función.

La foca sobre el altar con cabeza de calavera y nariz de payaso, es el portal para invocar a otra deidad aún más oscura. La criatura flotante sobre ella ese gran ojo poseído a la espera del sacrificio en su honor.

En medio de todo este delirio, hay algo que no se mueve: un gato negro, tranquilo, ajeno a todo. Observa. Es un símbolo, un dios escondido, o quizás solo el único testigo con lucidez en medio de este caos. O quizá quien realmente está tramando todo esto.

En el ataúd que domina el fondo, una cita grabada de Poe lo dice todo: “I became insane, with long intervals of horrible sanity.” Una línea que encapsula la obra entera. Este no es un espectáculo: es un descenso. Un desliz hacia la locura envuelta en luces de feria y risas falsas.

Y para mí, esto sigue siendo el circo: una ceremonia de luces y máscaras, donde nada es lo que parece.

Pensamientos finales

Ser parte de esta exposición con “The Unholy Parade…” es algo bastante especial para mi, porque marca -después de tiempo- mi regreso a las exposiciones. No expongo en Lima desde enero del 2023 en la expo Mix Verano Vol-1 en Galería 247, y aunque el año pasado fui parte de la muestra internacional Punk Lives! en la galería Subliminal Projects, de la leyenda del arte gráfico Sheppard Fairey, en el Sunset Boulevard, L.A., definitivamente no es lo mismo. Definitivamente ahora sí estoy dispuesto a regresar con todo.

Corpz en la exposición junto a The Unholy Parade of Circus Nightmares

Info de la muestra

CIRCUS – Exposición Colectiva
Organizada y curada por Albán Atelier de Leo Albán.

📍 Galería Sérvulo Gutiérrez.
Av. Horacio Urteaga 535 – Jesús María
🗓 Hasta el 27 de julio
🕘 Lunes a viernes, de 9:00 AM a 7:00 PM


Easter Eggs:

Si llegaste hasta aquí sin aburrirte, y aún no has descubierto las segundas lecturas debajo del simbolismo ya existente en mi obra, te dejo algunos detalles para tener en consideración.

  1. El tanque de 2-4-5 Trioxin. Me es imposible no dejar de hacer tributos ocultos (desde los dibujos que hacía en las tareas de colegio) a mi película favorita: The Return of the Living Dead.
  2. The Slaugthered Lamb. este cartel de circo está rasgado por una garra de hombre lobo, tributo a la película An American Werewolf in London.
  3. Edgar Allan Poe. No solo el gato negro sobre el ataúd, o la frase acerca de la lucidez terminan de sentar la presencia de uno de los escritores que marcaron mi infancia y adolescencia con sus cuentos oscuros, las Narraciones Extraordinarias, en especial El Gato Negro y los poemas Lenore y The Raven.
  4. Lovecraft. Lo descubrí más tarde que a Poe, pero también marcó una etapa de mi vida en que andaba estudiando diseño a fines de los 90, y su influencia se siente totalmente en el mago, los cultistas y los tentáculos que salen del sombrero.
  5. Anabelle. La verdadera muñeca endemoniada de los Warren, era una muñeca de trapo Raggedy-Ann, la misma que el niño langosta está rompiendo para tratar de soltar el ente que la habita e invitarlo definitivamente que se convierta en parte del circo.

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